MENSAJE A LA ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL
S.E.MONS. EMILIO CARLOS BERLIE BELAUNZARÁN
IV ARZOBISPO DE YUCATÁN
A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN YUCATÁN:
¡Que la paz de Cristo Resucitado esté con ustedes!
Con gran alegría hemos concluido, con esta Asamblea Diocesana, el proceso de evaluación del AÑO PASTORAL 2010-2011 y de consulta para la programación del AÑO PASTORAL 2011-2012.
Con las Asambleas de Presbiterio, Vida Consagrada, EPAP’S, Seminario, Grupos y Movimientos Apostólicos del Apostolado Asociado de los Laicos y de las Comisiones Diocesanas de Pastoral, durante el mes de mayo, y el Consejo Diocesano de Pastoral y esta Asamblea Diocesana del mes de junio, hemos querido, escuchando la opinión y sugerencias de todos, al menos representativamente, propiciar la manifestación del Espíritu Santo que guía nuestra Iglesia Particular e inspira a todo el Pueblo de Dios para descubrir su voluntad sobre su caminar hacia la patria eterna.
Tanto en la Asamblea de evaluación del Presbiterio, como en el Consejo Diocesano de Pastoral y ahora, en esta Asamblea Diocesana, hemos podido escuchar y ponderar las aportaciones de los representantes, quienes, en un ambiente de oración y fraternidad, han expresado su sentir y han visualizado, en sus grandes líneas, el camino pastoral a seguir para el próximo año.
Han quedado claros 4 puntos fundamentales:
1. La necesidad prioritaria y fundamental, al inicio del AÑO PASTORAL 2011-2012, de tomar conciencia de que “Todos los bautizados estamos llamados a “recomenzar desde Cristo”, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años,… Solo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se desborda en nosotros en gratitud y alegría, y se convierte en fraternidad y comunión, somos rescatados de nuestro aislamiento y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que hemos experimentado con gozo (Cfr. DA 550)
Es necesario entonces, un encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo, que nos lleve a una actualización de nuestra opción por Él, por su Evangelio y por su Iglesia. Una opción que se haga realidad concreta en la aceptación, personal y comunitaria del camino trazado por el Plan Diocesano de Pastoral y, con él, del Ideal de hacer de la Iglesia de Yucatán una Comunidad de comunidades.
De esta manera, promoviendo e integrando las Pequeñas Comunidades Parroquiales, podremos hacernos realmente discípulos de Jesucristo, comparando nuestra vida con su Evangelio, aprendiendo de Él a seguirlo en la caridad y en la fraternidad.
2. Ser discípulos nos hace necesariamente misioneros. Nuestro AÑO PASTORAL nos dará oportunidad de descubrir el significado y el sentido de la Misión de la Iglesia, tanto hacia los que no conocen a Jesucristo, como hacia los bautizados que por diversas circunstancias se han alejado o se han vuelto indiferentes ante el Evangelio.
Las experiencias comunitarias que viviremos nos darán oportunidad de adquirir una “conciencia misionera”, es decir, descubrir que no se puede ser discípulo sin ser misionero al mismo tiempo. La experiencia de Andrés y Juan al “pasar la tarde con Jesús” y llevar inmediatamente el mensaje a Simón: “hemos encontrado al Mesías”, ilumina esta realidad. La conciencia de ser discípulos-misioneros despertará en nosotros el espíritu misionero, el ansia de llevar el Evangelio de Jesucristo a todos nuestros hermanos con nuestra palabra y nuestra manera de vivir.
3. El discípulo-misionero encuentra la clave de su ser y misión en la Última Cena de Jesús. Efectivamente, es en la EUCARISTÍA donde se descubre plenamente el sentido del sacrificio de Jesucristo en la cruz, donde da su vida, su cuerpo y su sangre, por la humanidad. Es allí donde experimentan el ejemplo del Maestro: “les he dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (Jn 13,15) o “hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19): Es al salir de allí cuando los Apóstoles reciben el mandamiento nuevo: “Ámense los unos a los otros como Yo los he amado” (Jn 13,34).
Por esto, la experiencia comunitaria del Congreso Eucarístico, en la oración, contemplación y adoración; en la reflexión personal y comunitaria; en la comunión y la caridad vivida fraternalmente, renovará nuestra experiencia de Iglesia, de comunidad discípula-misionera.
4. Esta misma experiencia eucarística nos llevará a comprender la necesidad e importancia de expresar la comunidad eclesial en Pequeñas Comunidades Parroquiales, donde se pueda vivir al mismo tiempo, el aspecto discipular de encuentro con Jesucristo vivo, de comparación de la vida con el Evangelio, de aprendizaje del seguimiento de Jesús y el aspecto misionero, al convertirse en comunidades-testigo del amor de Dios, donde se viva la solidaridad y la caridad fraterna.
Así, nos parece que el Objetivo y el Itinerario del Pueblo que se han conocido, reflexionado y aclamado hoy, expresan el camino que el Señor quiere para nuestra Iglesia de Yucatán el AÑO PASTORAL 2011-2012.
Como Pastor y Arzobispo de esta Porción del Pueblo de Dios que peregrina en Yucatán, y como principal impulsor de su acción pastoral, pido al Vicariato Episcopal de Pastoral, a través de las Comisiones Diocesanas de Pastoral, reunidas a partir de mañana en el Taller de Programación y Articulación, que tomando este Itinerario y las aportaciones que ustedes han hecho el día de hoy, se definan y articulen los proyectos de cada aspecto pastoral y los traduzcan en programas y actividades concretas y coordinadas a fin de que todo el Pueblo de Dios pueda dar los pasos necesarios para que en este Año Pastoral 2011-2012 se consigan las condiciones para pasar, Dios mediante, a la Etapa de Conversión que prevé nuestro Plan de Pastoral.
Agradezco la disponibilidad de todos y cada uno de los agentes de pastoral que, representando comunidades y grupos, han hecho esfuerzos y sacrificios para enriquecer con sus aportaciones la evaluación del año anterior y la reflexión y elaboración de este proyecto. También agradezco a quienes, desde sus comunidades, han acompañado este proceso con su oración. Ha sido una gran tarea que el Señor Jesús recompensará seguramente a cada uno.
También quiero agradecer a cuantos han colaborado con la realización física de esta Asamblea, proporcionando lo necesario para su celebración. A todos, muchas gracias.
Pidamos a Dios, nuestro Señor, la asistencia de su Espíritu para que nos guíe en el AÑO PASTORAL 2011-2012 y nos de la capacidad, la fuerza y el entusiasmo, para participar con confianza y alegría en este camino del Pueblo de Dios.
¡Que el Señor bendiga con abundancia a nuestra Iglesia de Yucatán!
Mérida, Yucatán, 26 de junio de 2011




